SÍGUE A LA IGLESIA DE LOS JESUITAS

Ejemplo único del barroco en Toledo.

Sus vistas sobre la ciudad son inolvidables.

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COMO LLEGAR

Plaza Juan de Mariana, S/N. Toledo

TELÉFONO

(+34) 925 251 507

CORREO-E

iglesiamiradortoledo@gmail.com

 

VENTA DE ENTRADAS

Las entradas y pulseras se adquieren en la taquilla del monumento.

 

HORARIOS

Abierto de lunes a domingo.*

 

DEL 1 DE ABRIL AL 30 DE SEPTIEMBRE

10:00 - 18:45 **

 

DEL 1 DE OCTUBRE AL 31 DE MARZO

10:00 - 17:45 **

 

 

 

TARIFAS

General: 2’80 €

Reducida: 2’40 € *

Gratuita: 0 € **

 

PULSERA TURÍSTICA: 9€

ACCEDE A LOS 7 MONUMENTOS

 

           

 

* 1 de enero y 25 de diciembre cerrado.

24 y 31 de diciembre hasta las 13:00

** La taquilla cierra 20 minutos antes.

 

* Grupos docentes acreditados.

** Niños hasta 10 años. Religiosos acreditados. Residentes en Toledo.

ESTUDIANTES

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VISITAS PRIVADAS

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INFORMACIÓN Y SERVICIOS

No adaptado para personas con movilidad reducida
Está permitido tomar foto/vídeo
No dispone de aseos públicos
Audioguía no disponible
Existe punto de información
Existe material didáctico para profesores
Prohibido comer y beber
Existe una pequeña tienda
No dispone de consigna/ropero
Prohibido el paso sin ropa adecuada

QUIENES HAN VISITADO LA IGLESIA DE LOS JESUITAS OPINAN

Esperanza

Reseña en Tripadvisor

Matxape

Reseña en Tripadvisor

Gonzalo

Reseña en Tripadvisor

 

“Las dos torres”

Merece la pena visitar no solo el interior de esta iglesia, sino también animarse a subir a sus dos torres. Desde allí podremos ver a nuestros pies parte de la ciudad, incluyendo entre otros edificios el imponente alcázar y la catedral.

 

“Vistas de Toledo”

Bonita iglesia, importante subir a la torre de donde se pueden observar impresionantes vistas de todo Toledo.

 

“Unas vistas de la ciudad increíbles!!”

La Iglesia es de estilo barroco, muy bonita, lo genial es subir al campanario y fotografiar la ciudad, fabulosas vistas!!.

historia

LA FUNDACIÓN

Los Jesuitas en Toledo

En 1558 los jesuitas reciben el permiso del arzobispo Carranza para establecerse en la ciudad imperial con el deseo de fundar además, casa profesa por contar la ciudad con universidad. Tras ocupar dos meses el Colegio de Infantes y otras casas, se trasladaron finalmente a la plaza del Salvador donde situaron la casa profesa para una comunidad que crecía con 12 sacerdotes, 3 estudiantes y 7 hermanos coadjutores. y En 1583 abrieron un colegio, el de San Eugenio, regentado por 17 sacerdotes y hermanos coadjutores, en una casa alquilada en la calle hoy San Miguel de los Ángeles. Cuando iniciaron las clases, los alumnos eran 700. Pronto, el local del colegio de San Eugenio resultó insuficiente para la demanda de colegiales y fieles, por lo que decidieron comprar un nuevo solar más amplio y en lugar más tranquilo y apartado del bullicio comercial.

 

La casa de San Ildefonso

La tradición había conservado el lugar en el que se situaban la casa natal del santo, que acogía el culto a través de una pequeña capilla que ya en el siglo XVI había quedado embutida dentro de las casas principales del quinto conde de Orgaz, don Juan Hurtado de Mendoza Rojas y Guzmán, quien las puso a la venta, comunicándoselo a su hermano jesuita. La Compañía de Jesús decide comprar este lugar en 1569 con el fin de construir una gran iglesia y casa profesa.

 

Don Pedro y doña Estefanía Manrique, dos hermanos piadosos

Las compras de solares para ampliar el de las casas iniciales adquiridas al conde de Orgaz, entre ellos el del Hospital de la Misericordia, que hubo de trasladarse para evitar quedarse sin el poco sol que tenía, fueron tan cuantiosas que agotaron el dinero disponible para la construcción. Providencialmente, dos piadosos hermanos, Don Pedro y doña Estefanía Manrique, vinieron a socorrer esta necesidad ofreciéndose como patronos con toda su herencia. Ambos solteros sin hijos, él caballero de la orden de Alcántara y gentilhombre de cámara de los reyes Felipe II y Felipe III, ella dama de la reina Isabel de Valois, mujer de Felipe II y después retirada a una vida de devoción y caridad.

 

Documento fundacional de don Pedro y doña Estefanía Manrique

“Por cuanto se tiene por tradición que el glorioso san Ildefonso, arzobispo y patrono de la ciudad nació en estas casas donde ahora hacemos esta fundación, y por la mucha devoción que nos, don Pedro y doña Estefanía Manrique tenemos a este glorioso santo, queremos y es nuestra voluntad que la advocación de la dicha iglesia, que así se ha de labrar, sea de este glorioso santo y que su imagen se ponga en el retablo del altar mayor en el lugar más principal”.

 

Las tumbas de los fundadores

Bajo el altar mayor debía edificarse una bóveda para acoger los cuerpos de los hermanos fundadores y de sus padres y en el altar mayor dos arcosolios cobijarían sus figuras de bulto, arrodilladas en adoración hacia el altar, dos a cada lado, los hermanos y sus padres, don Gaspar Manrique, caballero de Santiago y doña Isabel de Castilla. Nada de esto se llevó a cabo por finalizarse la obra décadas más tarde, en un tiempo en el que estas formas ya no se usaban. Los cuerpos de los hermanos Manrique descansan no obstante, sobre las puertas de las capillas que flanquean el altar mayor a donde fueron trasladados desde la capilla primitiva sobre la casa de San Ildefonso en la que fueron enterrados inicialmente. Sus escudos, con las armas de los Manrique y los Castilla, se colocaron en las pechinas de la cúpula.

 

 

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO (JESUITAS)

Pechina en la cúpula con el escudo de los fundadores

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO (JESUITAS)

Trampantojo

CONSAGRACIÓN

Y CULTO

La primera misa

En 1718 pudo abrirse al culto la nave principal con sus capillas gracias a un muro de ladrillo provisional que se levantó al final de la nave para cerrar el espacio acabado a falta de culminar el crucero y cabecera. Detrás quedaba todavía en pie la primitiva capilla sobre la casa de san Ildefonso. El acontecimiento se celebró con cuatro días de fiestas y asistencia multitudinaria de fieles.

 

El final de la obra

y el drama de la Expulsión

Finalmente, la obra fue culminada en 1765 bajo las órdenes del salmantino José Hernández Sierra, a quien debemos la obra del crucero, cúpula, capilla mayor, ochavo y sacristía. Dos años después los jesuitas son expulsados, por orden de Carlos III, de los territorios de la Monarquía (España y las Indias) y sus bienes incautados. La biblioteca pasará a la arzobispal y por un tiempo los locales del Colegio de San Eugenio serán ocupados por la Universidad de Toledo. Hacia 1820 se destinó en parte a casas de alquiler por cuenta del Santo Oficio y en parte a oficinas del Corregidor y de la Policía. A partir de 1836, fue exclusivamente dependencias estatales, llegando a denominar a la calle correspondiente: de las Oficinas. Finalmente ha pasado a ser sede de la Delegación de Hacienda en Toledo.

 

Regreso y presencia en el siglo XX

El regreso de los jesuitas a Toledo se realizó en 1903 con el Beato Cardenal Sancha, que les permitió recuperar la iglesia de San Ildefonso y abrir una residencia en el lugar en que han estado hasta el año 2011, cuando debido a la falta de vocaciones han debido cerrar la casa y marchar a Madrid. En la actualidad, la Iglesia de San Ildefonso ha sido erigida como santuario diocesano de los Sagrados Corazones.

arte

ARQUITECTURA

Magna arquitectura contrarreformista según el modelo de iglesia jesuítica

El templo, de enormes dimensiones es fiel exponente de la espiritualidad contrarreformista. De una única nave flanqueada por capillas laterales que se comunican entre sí, su magna arquitectura se expresa en la gran cúpula que cubre el espacio del crucero.

 

Aunque la iglesia del Gesú de Roma se sitúe como modelo de todas las demás son otras construcciones españolas más recientes las que influyen en la traza.

 

En la escritura de fundación de 1602, en la que se especifica las medidas que ha de tener y que corresponden a la iglesia construida de casi 30 metros de largo, se observa el interés que se tiene por hacer la iglesia “conforme a la que tiene la dicha Compañía en la ciudad de Palencia”, aunque en 1605 se ordenará que la traza se tome de la iglesia “que se va haciendo en el Colegio de Alcalá de la Compañía de Jesús enmendando las faltas que en ella se advierten”.

 

Luz para la eucaristía

Como templo barroco, exponente de la espiritualidad contrarreformista, la luz está perfectamente dispuesta de forma gradual y con efecto teatral se concentra en los lugares de exaltación de la eucaristía. Tamizada la luz en la nave central, deja en penumbra las capillas laterales para reservar toda la irradiación luminosa en el crucero junto al altar mayor, cuya cúpula a través de sus ocho ventanas derrama un chorro abundante sobre el lugar destinado a la consagración y veneración del cuerpo de Cristo.

 

El arquitecto Monegro da la traza y el maestro jesuita Pedro Sánchez ejecuta

La traza siguiendo el modelo de la iglesia jesuítica del Gesú de Roma y las españolas de Palencia y Alcalá, se atribuye al maestro mayor de la catedral, Juan Bautista de Monegro, aunque se hizo cargo de la construcción, iniciada en 1629, el hermano jesuita Pedro Sánchez que ya había demostrado habilidad y capacidad y que ahora era conminado a dirigir las obras de Toledo y el colegio Imperial de Madrid fundado por la emperatriz Margarita, hermana de Felipe II. Probablemente dio una nueva traza que supuso la reforma de la cabecera y fachada. La primera piedra se colocó solemnemente el 10 de febrero de 1629. El año anterior se habían comprometido 200 varas de sillares y tizones de las canteras de Ventas con Peña Aguilera y más de cien mil ladrillos. Curiosamente el templo comenzó a construirse por la fachada, para salvaguardar el culto en la capilla original sobre la casa de San Ildefonso, mientras durase la construcción.

 

Francisco Bautista y la fachada barroca

Al morir Pedro Sánchez en 1633 fue sustituido por otro insigne arquitecto de la compañía, el hermano Francisco Bautista, quien había participado en el proyecto del Ochavo o capilla de las reliquias de la catedral toledana. Bautista trazó la barroca y atrevida fachada en la que transformó el diseño manierista de Monegro por uno más barroco y atrevido. También diseñó el tratamiento decorativo en el interior con grandes ménsulas de yeso y cornisas muy voladas, que animan la concepción severa y reposada de la arquitectura clásica.

 

Bartolomé Zumbigo y las torres

En 1642 la obra que avanzaba lentamente fue interrumpida por falta de recursos.

 

En 1669 retomaría la obra el arquitecto toledano Bartolomé Zumbigo. Zumbigo elevó el cuerpo de la nave y capillas hasta la altura de la cornisa, el segundo piso de la fachada con un gran ventanal que proporciona una cascada de luz a la nave y el segundo piso de las torres que serían rematadas con sus campanarios junto con el resto de la fachada en 1701.

 

José Hernández Sierra y el crucero con cúpula

Hasta 1752 no se vuelve a retomar la obra de la iglesia bajo las órdenes del salmantino José Hernández Sierra, aparejador de la catedral, puesto que hasta entonces, los esfuerzos se habían dedicado al edificio adyacente destinado a casa profesa o Noviciado bajo la advocación de San Eugenio. Ahora le tocaba el turno al crucero cubierto con su cúpula encamonada o de armadura de madera, sobre un tambor circular cubierto de yeso al interior y octogonal de ladrillo al exterior, cubierto con lajas de pizarra de la sierra de Guadalupe. Los camones de madera revestidos de materiales aparentes fueron la solución ingeniada para las vistosas cúpulas barrocas en una España en crisis y bancarrota económica. También trazó Sierra la nueva sacristía basándose en la catedralicia, en la del vecino monasterio de San Pedro mártir y en la del Hospital de San Juan Bautista. La obra por fin, fue culminada en 1765, tan solo dos años antes de la expulsión de la Compañía de España, por orden de Carlos III.

 

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO (JESUITAS)

Retablo de San José

PINTURA

Una trampa para el ojo

La capilla mayor se encuentra presidida por un original retablo consistente en una pintura al fresco, enmarcada por columnas y marco pintados en perspectiva, en lo que ha venido en llamarse trampantojo, por la ilusión de arquitectura fingida que crea la pintura, que al igual que el templete arquitectónico del altar, es obra de los hermanos Velázquez, Luis y Alejandro, profesor de perspectiva éste último en la Real Academia de Bellas Artes de Madrid. Representa el asunto más destacado de la vida de san Ildefonso justamente en el lugar en el que vivió el santo: el milagro de la Descensión de la Virgen para imponer una casulla a san Ildefonso, hecho ocurrido según la tradición en el lugar de la catedral, como premio a la defensa que el obispo toledano en el siglo VII esgrimió ante Joviniano y otros herejes en su obraDe perpetua Virginitate. En la escena el libro es enaltecido y mostrado por un ángel mientras otros prenden fuego con antorchas a los escritos de los heresiarcas.

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO (JESUITAS)

Nave central

ESCULTURA

Retablos y capillas para los santos

En el primer proyecto los altares de las capillas iban a ser destinados a los santos: Pedro, Pablo, Juan Bautista, Benito, María Magdalena, José y Esteban, todos ellos devociones particulares de los fundadores. Para la inauguración de 1718 se colocaron los retablos dedicados a san Ignacio, san Francisco de Borja, el Santo Cristo y Nuestra Señora de la Paz, obra del escultor Vicente Alonso. Hoy las capillas laterales están dedicadas san Francisco de Borja, al Cristo crucificado, san Francisco Javier, la Virgen de Fátima, la Inmaculada, la Dolorosa, san Ignacio y los mártires de la guerra civil.

 

La segunda capilla de la nave de la Epístola está dedicada a San Francisco Javier, representado en el centro del retablo, obra de Pedro de Luna, en trance de morir frente a las costas de China, mientras los ángeles descienden a recoger su alma.

 

La tercera capilla acoge al Cristo crucificado tallado hacia 1580 por el jesuita Domingo Beltrán, con su patetismo en el color y su figura serpentinata que se retuerce, muy del gusto manierista. Tenemos noticia de la creciente devoción que le profesaba el pueblo toledano. En este lugar fue situada con el acompañamiento de dos poderosas figuras de la Virgen y san Juan obra probable del taller de los Tomé, autores del famoso Transparente de la Catedral.

 

En el lado izquierdo o nave del evangelio, la tercera capilla contiene una imagen de San Ignacio de Loyola del siglo XIX, en un precioso retablo finamente labrado y dorado, con espejos en la hornacina, muy del gusto rococó.

 

Los grandes retablos del crucero

Y en el crucero, sustituyendo a los retablos primitivos ejecutados por Pedro de Luna, se sitúan magníficos retablos procedentes de la desaparecida iglesia de san Juan Bautista. A la derecha  el que fuera retablo mayor con un lienzo del Bautismo de Cristo pintado en 1702 por el artista sordomudo madrileño Alonso del Arco. A la izquierda, el que fuera retablo del gremio de carpinteros también procedente de la misma parroquia obra de Mateo de Medina, con la magnífica imagen de San José tallada por Germán López Mejía.

 

Germán López Mejía, es también autor del apostolado repartido por la nave y crucero, y de la preciosa imagen de la Virgen del Socorro en la capilla relicario, espacio ochavado destinado a la exaltación y culto a las reliquias.

 

El apostolado

A lo largo de la nave, crucero y capilla mayor se reparten catorce figuras de los apóstoles talladas por el escultor Germán López Mejía: Pedro, Pablo, juan, Santiago, Andrés, Santiago el Menor, Mateo, Tomás, Felipe, Judas Tadeo, Bartolomé y Simón, a los que se han añadido Matías y Bernabé.

 

saber más

La Compañía de Jesús

Cuando en 1556 muere en Roma el fundador Ignacio de Loyola, la Compañía creada para la defensa de la fe católica frente a la herejía luterana tenía dieciséis años de existencia y se había establecido en Italia, España, Francia, Flandes Alemania, Brasil, Indostaní, Malaca, Malucas y Japón. San Ignacio “llenaba su rostro de lágrimas y de vergüenza” cuando se le hablaba de esta propagación y del fruto que hacía en las almas.

El relicario, sancta sanctorum del templo

Ya la fundadora había insistido en la escritura de fundación en la disposición de “una capilla para santuario y colocación de reliquias con la decencia que a tal lugar conviene”. El amor y culto a las reliquias, frente a la negativa de los protestantes, sale reforzado en el reciente Concilio de Trento y se refleja en estos espacios sagrados, cuajados de bellos relicarios en delicadas tallas de bustos esculpidos y piezas de orfebrería. La forma octogonal alude al número ocho que se identifica con la eternidad. El color rojo de sus paredes simboliza la sangre y amor de los mártires, testigos y continuadores del sacrificio de Cristo. Todo el conjunto está presidido por el espectacular retablo rococó obra de Pedro de Luna, autor también del armario relicario, con la imagen de la Virgen del Socorro obra de Germán López Mejía, en actitud de defender con un dardo a un alma del dragón infernal.

IGLESIA DE SAN ILDEFONSO (JESUITAS)

Relicario

culto

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