SÍGUE A SANTO TOMÉ

Obra cumbre de la pintura universal.

El Entierro del Señor de Orgaz recoge a la perfección todas las virtudes de la genial mente del Greco.

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COMO LLEGAR

Plaza del Conde, 4. Toledo

TELÉFONO

(+34) 925 256 098

CORREO-E

reservas@santotome.org

 

HORARIOS

Abierto de lunes a domingo.*

 

DEL 1 DE MARZO AL 15 DE OCTUBRE

10:00 - 18:45 **

 

DEL 16 DE OCTUBRE AL 28 DE FEBRERO

10:00 - 17:45 **

 

 

 

VENTA DE ENTRADAS

Las entradas y pulseras se adquieren en la taquilla del monumento.

 

TARIFAS

General: 2’80 €

Reducida: 2’40 € *

Gratuita: 0 € **

 

PULSERA TURÍSTICA: 9€

ACCEDE A LOS 7 MONUMENTOS

 

           

 

 

 

* 1 de enero y 25 de diciembre cerrado.

24 y 31 de diciembre hasta las 13:00.

** La taquilla cierra 20 minutos antes.

 

* Grupos docentes acreditados.

** Niños hasta 10 años. Religiosos acreditados. Residentes en Toledo.

ESTUDIANTES

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VISITAS PRIVADAS

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INFORMACIÓN Y SERVICIOS

No adaptado para personas con movilidad reducida
No está permitido tomar foto/vídeo
No dispone de aseos públicos
Audioguía disponible
Existe punto de información
Existe material didáctico para profesores
Prohibido comer y beber
Existe una pequeña tienda
No dispone de consigna/ropero
Prohibido el paso sin ropa adecuada

QUIENES HAN VISITADO SANTO TOMÉ OPINAN

Ignacio

Reseña en Tripadvisor

Willy

Reseña en Tripadvisor

Jmpasqui

Reseña en Tripadvisor

 

“Excelente”

Merece la pena solo por ver el cuadro del Entierro del conde de Orgaz, que es impresionante.

 

“Algo para no perderse de ver ”

Tanto la iglesia como la obra " El entierro del conde de Orgaz " de el Greco son maravillosas . La iglesia da mucho mas de lo que uno espera y la obra es realmente impresionante .

 

“Impresionante arte”

No hay palabras para describir el interior desde los cuadros hasta las vidrieras y el resto. La zona del órgano es algo fuera de lo común.

historia

FUNDACIÓN

DE LA IGLESIA

La parroquia debió ser fundada tras la reconquista cristiana de la ciudad por Alfonso VI en el 1085, puesto que la primera noticia que tenemos de su existencia es de 1142. Del primer edificio mudéjar conserva el gran arco polilobulado superpuesto al actual arco toral, que separa la nave principal del presbiterio, junto con los recios machones de esta parte de la nave y un pequeño arquillo lobulado sobre un friso de ladrillos en esquinilla que sobrevive en la parte alta, en lo que fue la cabecera semicircular de la primitiva iglesia de una sola nave.

 

 

IGLESIA DE SANTO TOMÉ

Inscripciones en la tumba de D. Gonzalo

UN GENEROSO CABALLERO

Don Gonzalo Ruiz de Toledo, notario mayor de Castilla y señor de la villa de Orgaz, destacó por sus generosas obras de caridad, contribuyendo a la reconstrucción de iglesias parroquiales como ésta, San Justo y San Bartolomé y construyendo a sus expensas la iglesia de San Esteban del convento de los agustinos. En su testamento había dejado ordenada la donación anual a esta iglesia de unas mandas consistentes en 2 carneros, 2 pellejos de vino, 2 cargas de leña, 16 gallinas y 800 maravedíes para sostenimiento de los sacerdotes y los pobres de la parroquia, que debían recaudarse entre los habitantes de su señorío de Orgaz. También dejó ordenado ser enterrado en esta iglesia en el lugar más humilde: la última de las capillas de la nave de la epístola. Como las obras no hubiesen terminado al morir en 1323, lo sepultaron temporalmente en la vecina iglesia de San Esteban. Cuando en 1327 fue trasladado su cuerpo difunto a su capilla de Santo Tomé los admirados asistentes cuentan que, estando celebrando la liturgia de difuntos, todos reconocieron al mismo san Agustín y al joven diácono san Esteban, quienes se presentaron en la iglesia y con sus propias manos lo depositaron en el sepulcro, como premio a su vida de caridad al tiempo que escuchaban: “tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve.”

El historiador Dr. Francisco de Pisa en su descripción de la Imperial Ciudad de Toledo (1605)

“Y el sermón se refiere y cuenta un milagro notable que acaeció al tiempo que iban a enterrar el cuerpo de este santo caballero en esta propia iglesia: que los gloriosos san Esteban protomártir y san Agustín (a los cuales tuvo en vida una particular devoción), bajando del cielo visiblemente, con sus propias manos le enterraron diciendo estas palabras: Tal galardón recibe quien a Dios y a los santos sirve.”

la iglesia

ARQUITECTURA

Las primeras reformas medievales

Fue reconstruida notablemente a comienzos del siglo XIV, a expensas del señor de Orgaz, Don Gonzalo Ruiz de Toledo. Entonces debieron añadirse las dos naves laterales con la cabecera plana.

 

La torre

Es el elemento que perdura de la primitiva iglesia, de cuya cabecera se encontraba exenta. Conserva en sus muros, embutidas, piezas labradas en época visigoda. De planta cuadrada y siguiendo el esquema de los alminares islámicos, en el interior conserva el machón central alrededor del cual se disponen las escaleras. Sobre el cuerpo inferior de mampostería encintada se superponen dos cuerpos en ladrillo en los que se abren ventanas con arcos de herradura para acoger el campanario. Entre los dos cuerpos, destaca por su belleza, el friso de arcos ciegos polilobulados sostenidos por columnillas de cerámica vidriada de color verde y ocre, detalle que la pone en relación con las torres de San Román y San Miguel.

 

Las últimas reformas

A comienzos del siglo XVI, se decide reformar la cabecera ampliando la capilla mayor y cubriéndola con complejas bóvedas de crucería del último gótico. La familia de los condes de Ayala ya venía utilizando este lugar para como capilla funeraria como prueban las numerosas lápidas de pizarra negra conservadas en los muros del presbiterio. Incluso se cree que la actual capilla de la Dolorosa fue en origen el pasadizo de unión con el palacio de Fuensalida, vivienda principal de este linaje.

 

A comienzos del siglo XVII se planteó la reforma de las naves a causa de su mal estado, y se decidió remozar paredes, reforzar los pilares con basas de granito y cambiar sus perfiles octogonales por otros cuadrados, picar los arcos hasta convertir sus perfiles en medio punto y añadir una línea de imposta bajo la bóveda de cañón central. La obra contratada en 1614 finalizaría hacia 1661. Entonces el pórtico de entrada se reforma, hasta 1972 cuando, con el fin de no alterar la vida litúrgica de la iglesia, junto a la última crujía de la nave es acondicionado como museo de la pintura del Greco, con entrada independiente para los visitantes.

 

IGLESIA DE SANTO TOMÉ

Virgen de la Sonrisa

IGLESIA DE SANTO TOMÉ

Torre de la iglesia

ESCULTURA

Valiosas esculturas

El templo custodia importantes grupos escultóricos, comenzando por el más antiguo, junto a la puerta lateral de entrada: la llamada Virgen de la Sonrisa, precioso ejemplar de Virgen gótica de ojos almendrados y amplia sonrisa que mira al Niño mientras éste la acaricia la barbilla con entrañable ternura. En la capilla mayor se exhiben importantes esculturas barrocas del siglo XVII. La figura poderosa de San Elías sumido en un profundo sueño o visión profética, deja traslucir la fuerza interior en su rostro barbado, su mano tensa y los pliegues angulosos de sus amplias vestiduras. Frente a la contención de Elías, la expansión de un Juan Bautista que abre sus brazos y dedos en un alarde de técnica, sin perder un ápice de naturalismo. En el capítulo de la orfebrería destaca la custodia de plata sobredorada, obra de neoclásica de Claudio Vegué de 1883.

LAS CAPILLAS

Capilla mayor

Las primeras noticias acerca de la construcción de la actual capilla mayor en estilo gótico datan de 1483, momento en el que Juan Guas a pocos metros está iniciando la edificación del monasterio de San Juan de los Reyes, en el estilo denominado gótico de los Reyes Católicos simbiosis del gótico flamenco con el mudéjar castellano. El dominio de las soluciones constructivas también se demuestra aquí: una compleja bóveda estrellada de ocho puntas cuyos nervios son recogidos por ménsulas que se decoran con las imágenes de los cuatro evangelistas.

 

Perdido el primitivo retablo, el actual del siglo XIX ostenta una buena pintura de Vicente López, pintor de cámara de los reyes Fernando VII e Isabel II, con el asunto de la Incredulidad de Santo Tomás. La armónica composición de figuras escultóricas de dibujo académico y colores puros contribuye a plantear la duda de Tomás y a resolverla a través del magistral juego de manos y gestos.

 

Capilla de la Concepción

Fundada por Pedro de la Fuente, sirvió de enterramiento al señor de Orgaz. Fue reformada por el arquitecto Nicolás de Vergara el Mozo en 1586 para colocar el cuadro del Greco.

 

Capilla de la Dolorosa

Su estrecha planta en extraña orientación respecto a las naves hace sospechar que aprovecha un antiguo pasadizo de unión con el Palacio de Fuensalida. Guarda entre otras imágenes procesionales, dos buenas tallas barrocas de la Virgen y San Juan pertenecientes a un Calvario.

 

Capilla de la Encarnación

Presidida por el retablo contratado en 1566 con el arquitecto Nicolás de Vergara el Viejo, con esculturas de Diego de Velasco de Ávila y pinturas de Hernando de Ávila entre las que destaca la principal de la Presentación de Jesús en el templo y sobre ella un San Jerónimo penitente.

 

Capilla de la Virgen de Monte-Sión

Bien entrado el siglo XVI, en 1559, según la inscripción en la reja de entrada, se construye en estilo gótico la capilla situada junto a la torre, hoy llamada de Monte-Sión pues custodia la imagen que fue titular del monasterio de San Bernardo, desamortizado. Sus dos tramos estrechos se cubren con dos bóvedas de crucería similares a las de la capilla mayor. En el exterior se sitúa la pila bautismal renacentista, trasladada aquí desde los pies de la nave, lugar habitual para la acogida de los catecúmenos que todavía no han entrado a la comunión de la Iglesia. De mármol y forma gallonada, se decora con hojas de acanto e inscripción latina que reza: “Qui crediderit et bautizatus fuerit salvus erit, qui vero non crediderit, condemnatibur.”

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de Santo Tomé

el cuadro

EXPLICACIÓN HISTÓRICA

 

DON GONZALO RUIZ DE TOLEDO

 

Don Gonzalo Ruiz de Toledo, fue un piadoso noble del siglo XIV, que quiso dejar testimonio de su fe de muy diversas maneras. Entre estas se hallaban ciertas disposiciones testamentarias a favor de esta parroquia de Santo Tomás Apóstol, lugar escogido para su eterno descanso.

Las mandas que debían cumplir los vecinos de la villa de Orgaz consistían en la donación a los administradores del templo de 2 carneros, 16 gallinas, 2 pellejos de vinos, 2 cargas de leña y 800 maravedíes.

 

En 1564 el Párroco D. Andrés Núñez Madrid emprendió un pleito ante la Chancillería de Valladolid al negarse los habitantes de la localidad toledana a seguir entregando los bienes estipulados en las últimas voluntades de su antiguo señor. Después de que los tribunales dieran la razón al sacerdote en 1569, decidió encargar un epitafio conmemorativo en latín que realizó Alvar Gómez de Castro. En esta inscripción se recogía también, el relato del milagro acaecido durante las exequias de D. Gonzalo, en las que bajaron del cielo San Agustín y San Esteban para enterrarlo, mientras se oía una voz que decía: “tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve”

 

De este modo el Señor de Orgaz tenía el honor de ser depositado en su tumba por aquellos dos santos como premio a la ejemplaridad de su vida de fe. El milagro fue oficialmente reconocido en 1583, y el párroco D. Andrés quiso dejar testimonio imperecedero encargando un lienzo que presidiera la recién remodelada capilla del señor de Orgaz. Para esto se sirvió del mejor pintor que por aquel entonces había en la ciudad: Doménikos Theotokópoulos, más conocido por sus conciudadanos con el sobrenombre de El Greco.

 

 

EL GRECO

 

 

Ya Goya y, después de éste, Picasso y otros autores, verían en el Greco al primer impresionista.

 

Efectos tan sorprendentes como el claro reflejo del rostro de San Esteban en la armadura del Señor de Orgaz, no son sino borrones cuanto más de cerca se observan. Doménikos estudió pintura en Creta, su isla natal, convirtiéndose en pintor de iconos.

Algunas reminiscencias de ese estilo son evidentes en sus trabajos posteriores. Trabajó en Venecia, en el taller de Tiziano, y en Roma, estudiando las obras de Miguel Ángel. Finalmente se establece en Toledo en 1577. Su vida, llena de orgullo e independencia, siempre tendió al afianzamiento de su particular y extraño estilo, evitando cuidadosamente las imitaciones. Un contemporáneo lo definió como un "hombre de hábitos e ideas excéntricos, tremenda determinación, extraordinaria reticencia y extrema devoción".

 

 

EL CUADRO

 

 

El 15 de Marzo de 1586 se firmaba un acuerdo entre Don Alonso y El Greco en que se fijaba de forma muy precisa la iconografía de la zona inferior del lienzo.

El pago se haría tras una tasación, debiendo acabarse la pintura para Navidad de ese mismo año. El trabajo se alargó por más tiempo, entregándose en primavera de 1588. Fue tasada por Luis de Velasco y Hernando de Nunciva en 1.200 ducados, cantidad que pareció excesiva al párroco, en comparación con los 318 del "Expolio" de la Catedral o los 800 del "San Mauricio" de El Escorial. Al no llegar a un acuerdo tuvo que intervenir el Consejo Arzobispal, que determinó que se pagaran los 1.200 ducados de la primera tasación.

Si bien El Greco siguió las indicaciones dadas por D. Alonso, el cretense se servirá de su vasto conocimiento de la tradición iconográfica oriental para transmitir su propia visión sobre los grandes temas que integran el cuadro. El arte al servicio de un genio; un genio al servicio de la fe.

En 1975, tras un concienzudo estudio científico, el cuadro mereció una notable restauración por parte del I.C.R.O.A.. Además unido a este proceso, fue desmontado de su emplazamiento original y dispuesto en el que ahora se puede contemplar.

 

EXPLICACIÓN ARTÍSTICA TEOLÓGICA

El Cielo y la Tierra

 

La espiritualidad toledana de la época influyó en un Greco que provenía de Venecia, donde la influencia del laicismo en las artes era ya algo patente. Este cuadro representa las dos dimensiones de la existencia humana: abajo la Tierra, la muerte, arriba el Cielo, la vida eterna.

 

El Greco se lució plasmando en el cuadro lo que constituye el horizonte cristiano de la vida tras la muerte, iluminada por Jesucristo. Son dos mundos claramente diferenciados por el estilo y el uso de la luz y el color.

 

La luminosidad representada en la parte superior del cuadro refleja una clara influencia de la escuela veneciana en la pintura del Greco. Esta luminosidad contraste especialmente con la mitad inferior del cuadro; mitad que representa lo terrenal. El Cielo, pintado al estilo de la tradición iconográfica oriental, se presenta lleno de la luz que mana de la figura central: Jesucristo. La Virgen María a su derecha y San Juan Bautista a su izquierda aparecen dentro del triángulo de luz que irradia, mientras que el resto de los personajes representados en la esfera celestial estarán más iluminados en la medida en que se sitúen más cerca de Jesucristo.

 

Encontramos aquí también una gran abundancia de tonalidades: azules, rojos, verdes, ocres.... Por el contrario, en la esfera terrestre hay una ausencia casi total de luz; un mundo oscuro sólo iluminado por las seis teas enarboladas por algunos de los personajes asistentes al entierro. Del mismo modo destaca la ausencia del color que queda ceñido casi exclusivamente al uso de negros y grises.

 

Sólo existe una nota discordante respecto a todo lo descrito: las dos figuras que sostienen al difunto: San Esteban y San Agustin, vestidos con dalmática en dorado y rojo (símbolo del martirio) y mitra y casulla doradas, respectivamente. Con este modo de iluminar la escena, El Greco consigue no sólo hacernos ver las diferencias entre un mundo y otro, diferencias sólo salvables por medio de la Cruz, único camino de unión entre ambos como representa la cruz que está a la derecha, sino llamar nuestra atención principalmente hacia el Cielo y no hacia la Tierra, según el pensamiento cristiano en el que la meta es Cristo.

La muerte

 

A medio camino entre el Cielo y la Tierra encontramos a un ángel que transporta en sus manos una especie de feto o crisalida, símbolo del alma del Señor de Orgaz. Y que está entrando a través de unas nubes que asemejan un útero materno. De este modo la muerte se nos presenta no como un final sino como un principio, un nacimiento a la vida eterna. La muerte es un parto a la otra vida.

Una visión esperanzadora y cargada de fe. Así mismo, la composición del cuadro hace pensar que se estuviera relatando pictóricamente el oficio de difuntos, en el que hay un salmo que reza: “al Paraíso te lleven los ángeles, a tu llegada te reciban los mártires”

El Greco eligió el estilo de la escuela flamenca, muy sobrio y realista, para transmitir el espíritu religioso de la época en la parte terrenal del cuadro. A través de los rostros de los personajes, todos ellos nobles contemporáneos suyos, el Greco representa de diversa forma la actitud del hombre hacia la muerte: unos meditando, otros llorando, otros comentando entre sí el acontecimiento. Finalmente otros se dan cuenta del milagro, cuando sube el cuerpo a la Gloria.

Hay un especial esmero por representar a estos personajes siempre con la indumentaria de la época y ésta siempre representando el rango social de cada personaje. Así, el señor de Orgaz está ataviado con armadura de caballero castellano. Al igual, la nobleza y el clero según su época.

 

En la casulla de San Esteban se pueden apreciar las influencias de pintores como Tiziano, en la pincelada suelta y el color rojo. En otros detalles de la casulla, como la representación del martirio, se aprecian influencias de los estudios de anatomía de Miguel Ángel.

El juicio

 

Jesucristo aparece como Juez del alma que llega. Destaca la serenidad de su rostro, su paz, que nos hace pensar en un juicio donde la misericordia tendrá un papel principal en el veredicto.

Se aprecia la clara influencia bizantina en la representación de este Cristo como un pantocrátor. Este detalle se repite en otras obras del Greco.

La Virgen María y San Juan Bautista intervienen como abogados defensores del alma.

Jesucristo con su mano indica a San Pedro, a su derecha, acompañado por San Juan Evangelista, que le abra las puertas del Cielo al alma de su siervo fiel. Sorprende el tratamiento tanto del juicio como de la muerte por la ausencia de temor y tristeza que transmite el cuadro. La esperanza es la tónica dominante.

PROTAGONISTAS

quién es quién en la obra cumbre del Greco

culto

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